Un disparo que no mata, un corazón que no resiste y una pregunta incómoda: ¿hay homicidio? El caso expone cómo el Derecho Penal responde cuando la violencia desencadena un resultado fatal que no estaba en el plan.
El combate exige desmoronar la renta que la actividad criminal trae aparejada. Olvidar esta consigna ha malgastado esfuerzos y alterado la percepción sobre las políticas criminales.
Si como sociedad no desconectamos nuestra ideología de simples herramientas como una pistola Taser o un proyectil expansivo, seguiremos siendo nosotros los protagonistas de esta historia.